lunes, 20 de marzo de 2017

Toda una vida como masajista erótica

Hola amig@s, bienvenidos a este lugar que espero visitéis mucho, porque aquí voy a contar mi experiencia en una profesión que me encanta y me apasiona, y a la que tengo el orgullo de dedicarme: el masaje erótico.


Al principio, cuando conté en casa a lo que quería dedicarme, reconozco que la cosa fue difícil, pues a mis padres no hizo ni pizca ni gracia saber lo que iba a hacer; tenían en la cabeza que esto era algo así como si me prostituyera, sin entender que poco tiene que ver con esto. Al comienzo fue bastante complicado, aunque con el tiempo la cosa se fue normalizando, hasta que por fin pude independizarme y vivir mi vida sin que ellos se interpusieran; y así se acabó el problema.

Hablo de ello como si hiciera mucho tiempo que me dedico a esto, que para mí es casi un arte, pero en realidad sólo hace dos años. Y puede parecer poco tiempo, en realidad lo es, pero es que me han pasado tantas cosas en mi profesión, he vivido tantas experiencias inolvidables, que más bien parece toda una vida. Pronto os contaré algunas,y sabréis de qué os hablo.

Cuando terminé mis estudios de fisioterapia, hice la prueba para un gabinete de masajes eróticos, en pleno centro de Barcelona. Me cogieron a la primera, ya que esta actividad había aunado en una dos de mis grandes pasiones: el cuerpo humano y el sexo. Gracias a la primera, no había secretos que un cuerpo pudiera esconderme; y gracias a la segunda, sabía cómo tocar para que la persona en cuestión sintiera placer sin experimentar molestias ni dolores. Por eso, me convertí en una de las mejores empleadas del gabinete, aunque esté mal decirlo.


Por eso, hará más o menos un año que la que era mi jefa me propuso que fuéramos socias. Así lo hicimos, y aunque el negocio había cogido bastante fama, gracias sobre todo a mis buenas artes, y ya no era necesario mis servicios, yo insistí en que quería seguir trabajando en contacto con los clientes a jornada completa. Es un alivio saber que podría dejarlo si quisiera, pero es que no quiero, así que sigo mano a mano con nuestras empleadas, compartiendo con ellas el trabajo de cada día.

Casi no creeríais todo lo que puede suceder en un gabinete de masajes eróticos; casi es como otro mundo, uno muy sensual, pero donde la gente se siente a veces como en un confesionario. Y una aprende a estimular no sólo el cuerpo sino también la mente del cliente, convirtiéndose en su amiga, su terapeuta y, en ocasiones, hasta en su amante.

Pero esto os lo iré contando próximamente, en nuestros próximos encuentros.